Una de brujas

Hay brujas modernas y brujas retro.

Entre las malvadas brujas comeniños de Roald Dahl y la torpona Eglantine Price, no me puede gustar más una bruja. Ya sean de Eastwick, de Zugarramurdi, del Este o del Oeste, las hay para todos los gustos y de todos los colores. Pero para mí Samantha siempre será especial… ¡Habrase visto una cabecera de una serie más mítica y animada que la de Embrujada! (¿Alguien ha dicho La niñera? Venga, vale… Pero ninguna tan mágica, eso seguro). Me pasé desde los diez hasta los trece moviendo la nariz y chasqueando los dedos como si no hubiera un mañana… Pero nada, no había tu tía. Nunca conseguí teletransportar, y mucho menos hacer desaparecer, absolutamente nada ni a nadie… ¡Y no será porque no le echaba ganas! Menudo fracaso. Y allí estaba la buena de Samantha, que con cuatro meneos nasales conseguía todo lo que se proponía… ¡y sin esfuerzo aparente! Manda narices.

Que nunca se dislocase la nariz, eso sí que era cosa de brujería.

La figura de Elizabeth Montgomery montando en escoba (¿dónde sino?), se encuentra en una placita de Salem (¡dónde sino!), un pueblecito cerca de Boston donde resulta imposible dar dos pasos sin cruzarte con un gato negro o doblar una esquina sin darte de bruces con una bruja de mentira. O puede que también alguna de verdad, ya que en medio del pueblo se encuentra el cementerio real donde, se supone, están enterradas las pobres mujeres que colgaron acusadas de ser diferentes. Paseando entre las lápidas me preguntaba que qué pensarían si levantaran la cabeza y vieran que habían convertido el pueblo en un parque temático donde todos los días del año es Halloween.

Entre brujas de mentira, las de verdad… O no.

Me sorprendió que no hubiera hordas de turistas matándose por salir guapos frente a la estatua de Embrujada… Una cosa rarísima, como de brujería. ¿Es que no han tenido infancia?
Además, si un siniestro pueblo famoso por ahorcar a 19 inocentes ahora es un alegre parque temático de amables brujitas, es en gran parte gracias a ella. ¡Qué menos que enseñar a mover la nariz como Samantha en las escuelas! Y no hablo de academias de brujas, sino de escuelas normales. Si por mí fuera, seria una asignatura obligatoria, como las de Hogwarts.

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