No hay nada más triste (que lo tuyo)

No tengo miedo al futuro. Oh, no.

Hay una canción de Hidrogenesse que asegura que hay muy pocas cosas en el mundo más tristes que una tienda de animales… o que un turno de noche. Y no puedo estar más de acuerdo. Se llama No hay nada más triste que lo tuyo, y desde el título ya nos hace saber que no es precisamente la canción más alegre del mundo, lo cual es de agradecer. Es una canción preciosa y tristísima que me llega al alma. Y no solo porque habla de caballitos pony dando vueltas en un tiovivo, lo cual ya de por sí es horrible, sino porque me recuerda a cuando trabajaba en el turno de noche de un hotel. Quitaba el hilo musical, apagaba las luces y me quedaba solo con mis circunstancias… bueno, y con un montón de clientes durmiendo, o no, en sus habitaciones. Más solo que la una, en definitiva. Así empezaba mi turno. Y se paraba el tiempo. Siempre igual durante diez años.

La canción original habla de los caballitos pony, pero es que el remix incluye también a los burritos cebra de Tijuana, que dan más pena aún si cabe, que ya es decir. La puedes escuchar, junto con otras canciones más marchosas, pinchando en la foto. La que he elegido no es ni la original ni el remix, sino la versión que hacen con Single, que es maravillosísima. Aconsejo encarecidamente escuchar una canción superalegre inmediatamente después, para compensar.

Una casa unifamiliar entre los arbustos.

El otro día fue el Día mundial de la sopa de pollo. Yo creo que esto de dedicarle un día a cosas se nos está yendo un poco de las manos. Que conste que no tengo nada en contra de la sopa de pollo, pero no sé, ya puestos a pedir, preferiría que hubiera un Día mundial de las croquetas de bacalao… o de las hadas de jardín. Porque mucho se habla de los enanos de jardín, pero también hay hadas. Eso sí, hay que fijarse bien, puesto que son diminutas (los gnomos… ¡unos gigantes a su lado!).

Hay hadas más grandes que sus casas, esto es así.

Como tengo la costumbre de caminar por la calle mirando al suelo a ver si encuentro dinero, a veces encuentro cosas que no se pagan con dinero, como barrios de hadas. Pueden esconderse en cualquier lado, hasta dentro de un botín del pie izquierdo o de una katiuska. Si un hada encuentra un calzado abandonado en mitad del bosque, son unas okupas de aúpa. Debido a su diminuto tamaño les vale cualquier cosa, no se andan con miramientos.

Creo que esta bota está deshabitada… ¡Me la quedo!

Hay que mirar más al suelo, amigos.

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