Fantasías, Paquita y el señor Pez

Yo no sé si volveré a estar tan bien acompañado…

Inocente de mí, había llegado a un acuerdo (unilateral) conmigo mismo para no mirar los rankings de los libros más y menos vendidos en Amazon bajo ningún concepto… ¡Jamás! Pero ya estaba tardando. Resulta que en la subcategoría de “Humor negro”, que es el único color del que Amazon pinta el humor (yo hubiera preferido el naranja o el azul) estoy por detrás de, entre otros, Los mejores chistes verdes, que ya me dirás qué hace un libro de humor verde en el ranking de humor negro. Y en la categoría de “Humor”, así en general, compito con títulos tan sonoros como Fantasías con lesbianas maduras y Los zapatos nuevos del señor Pez, nada menos. Ni siquiera sabía que los peces llevaran zapatos. Total, que me temo que no tengo nada que hacer… ¡qué categoría tan ecléctica!

Pero no me puedo quejar, hoy he amanecido haciendo sándwich entre, ni más ni menos, las memorias de Paquita Salas y Fantástico Sr. Fox. No puedo ser más fan de Paquita. Eso sí, hablo de la serie, el libro todavía no me lo he leído. Y no me puede gustar más Roald Dahl… aunque Fantástico Sr. Fox tampoco me lo he leído. Eso sí, adoro la película. Igual para ir por ahí diciendo que soy escritor debería de leer más, sobre todo los títulos con los que comparto rankings y hago sándwiches.

Y de vecino, un libro que se llama… El vecino.

Aunque lo que más ilusión me ha hecho es enterarme de que han puesto El fin del mundo a cucharadas en la mesita de novedades de la biblioteca de mi pueblo. ¡En la biblioteca! La biblioteca de mi pueblo mola mucho porque es la antigua estación de tren. Cuando era pequeño era posible llegar a mi pueblo en tren, como la gente de bien, pero un día decidieron que por allí no hacía falta que pasara ningún tren, que total, para qué, y sepultaron las vías con cemento y florecillas. Y tras años de abandono, un buen día convirtieron el sitio donde la gente solía esperar al tren sentada en un banco, en el lugar donde la gente lee periódicos y revistas sentada en sillas.

Es una biblioteca modesta, pero seria y con solera, donde no hay ranking que valga. Lo que más me gusta es que por fuera se nota que antes era una estación de tren, con su reloj y todo. Los edificios que parecen una cosa por fuera y que luego por dentro sean algo totalmente diferente me chifla (a no ser que antes fueran cines y ahora tiendas de ropa, claro). Por aquí cerca hay una caja de ahorros que ahora es una cervecería, por ejemplo. ¡Hasta guardan las cervezas en la antigua cámara acorazada!

La foto me la ha mandado mi tía. Le he preguntado que si ha sido ella la que ha puesto ahí mi libro aprovechando un descuido de la bibliotecaria, y me ha jurado que no, que estaba ahí de verdad, junto con otros libros más gordos y más flacos. Y que, de hecho, hay dos ejemplares. El otro no lo puedo poner porque la foto que me ha mandado se ve borrosa. Mi tía es mejor tía que fotógrafa.

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