El verano caducado

Fotomontaje atardece que no es poco.

Me las prometía muy felices cuando me puse, en plan Art Attack, a hacer fotomontajes para promocionar El fin del mundo a cucharadas. Cada uno iba a ser mejor que el anterior y a quien los viera le iban a entrar unas ganas locas de coleccionarlos todos. ¡Fácil y sencillo! Claro que esto era cuando se suponía que el libro iba a salir a principios de verano, que es cuando (en una realidad alternativa o dimensión paralela) daba por hecho que todo el mundo va a la playa, con un libro bajo un brazo y la sombrilla bajo el otro, deseoso de darles una oportunidad a nuevos autores. Un suicidio literario en toda regla, vamos. Total, que al final, entre ataques de pánico y dudas existenciales varias, los días y las semanas pasaron más rápido de lo normal y, como diría el Dúo Dinámico, el fin del verano llegó. Así, sin avisar. Y un servidor se tuvo que comer con patatas sus artemaníacas creaciones (con atardeceres de fondo y calcetines de patapalos de fresa y de limón), porque se le caducó el verano de no usarlo.

Eso sí, hoy me he acordado de que tengo un blog donde las estaciones del año dan un poco igual. Así que he pensado ponerlos aquí, en plan flyers que nunca lo fueron, uno detrás de otro… como si esto fuera un cementerio de fotomontajes caducados:

Fotomontaje calcetines patapalos.

Podía haber reciclado más de uno para la campaña de otoño-invierno, pero la mayoría no se entienden fuera del verano. Son como la canción del verano o el Caribe Mix, que después de septiembre no tienen razón de ser. Como por ejemplo, estos calcetines de motivos claramente veraniegos que son demasiado gordos para llevarlos en verano pero muy finos para cuando refresca. Son un sinsentido en sí mismo. Y bueno, el suelo parece tarima pero en realidad es vinilo, que en este país casi nada es lo que parece (guiño, guiño). Vas por la calle y dices: ¡qué bonita casa de ladrillo! Mentira, es vinilo que imita al ladrillo. Entras a casa y dices: ¡qué bonita tarima flotante! Tampoco, vinilo todo. Ni flota ni nada.

Fotomontaje chica rechupeteando helado.

En este otro estoy delante de un mural gigante, creo que en Detroit. En Detroit pasé un poco de miedo porque pensaba que nos iban a atracar mientras comíamos unos nuggets de pollo. El mural es de una chica con unas gafas de sol enormes que rechupetea un helado tan contenta. No hay nada más veraniego que ver a alguien de diez metros comiéndose un helado de tres metros, no deja lugar a dudas. Pero como se suponía que la idea era promocionar un libro, le planté la portada encima, claro. Como se puede observar, a estas alturas el Photoshop ya no tenía secretos para mí.

Fotomontaje supermercado donde siempre me timan. No vuelvo.

Y este último es de un anuncio que hay pegado en un poste eléctrico de camino al supermercado al que digo que no voy a volver porque siempre me timan y al que acabo volviendo. No por nada, sino porque es el único sitio donde encuentro las salchichas de pavo que me gustan, maldita sea.

Hasta aquí los flyers veraniegos que nunca lo fueron. Toca ponerse manos a la obra con los otoñales, que un artemaníaco nunca deja de crear, qué cruz. A ver si con un poco de suerte me da tiempo a utilizarlos antes de que llegue el invierno, esa es otra. ¡Aquí los otoños duran poquísimo!

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