EL LIBRO

¿Quién es quién?

Doña Mariví no está segura de si lo que siente en la tripa son mariposas revoloteando o una polilla gorda dando tumbos. Solo sabe que espiar en el balcón de su vecina, agazapada entre los geranios, le da la vida. Y no como su marido, que ya no le hace ni la fotosíntesis.

El fin del mundo a cucharadas: una novela de humor y otras catástrofes
¡Yo a este señor no le pienso contar nada!

A Kevin Imanol su madre lo conoce como si lo hubiera parido. Puede que solo tenga once años y tres cuartos, pero ya vive en un sinvivir. Lo que mejor se le da es hacerse el muerto en medio del salón y ver qué cara pone su madre. No hace falta decir que la madre de Kevin Imanol ha desarrollado el superpoder de gritar con los ojos. Te mira y te deja sordo. Kevin Imanol y su madre no ganan para disgustos.

El fin del mundo a cucharadas
¡Pasad! ¡Pasad!

Mari Trini está que trina. Si antes lo que le preocupaba era que su marido tuviera más pelucas rubias que calcetines en el cajón de los calcetines (y todas ellas con un flequillo italiano precioso), ahora, además, se le ha caído un meteorito en el jardín. Normal que se quiera ir a vivir a un búnker bajo tierra, ya que en la superficie tiene muy mala suerte.

Todos ellos (y el resto de vecinos y vecinas de la plaza del Tres de Mayo) tendrán que enfrentarse al fin del mundo con su arma más poderosa: un sentido del humor a prueba de asteroides (y de cualquier cosa que caiga del cielo).

El fin del mundo a cucharadas
Oh, Dios mío, ¡que soy la siguiente!

“El fin del mundo a cucharadas: Una novela de humor y otras catástrofes” está disponible, tanto en papel como en e-book, en Amazon.

EL BOOKTRAILER

Solo verlo si es Navidad, gracias:

EL CUADERNO

Si necesitas un colorido cuaderno para apuntar las cosas importantes, hay tres portadas diferentes:

LA PLAYLIST

¿Aburrid@ de escuchar siempre lo mismo mientras planchas, friegas o haces spinning? ¡No pasa nada!

La banda sonora de El fin del mundo a cucharadas incluye un montón de canciones marchosas a más no poder (y un par supertristes que igual no valen para hacer spinning pero sí para escucharlas mirando por la ventana en una tarde de lluvía).

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