
Acabo de volver de estar cinco años (sobre)viviendo en Michigan, un lugar de los Estados Unidos de lo más extraño y peculiar (como Twin Peaks pero con más nieve y más ciervos y más mofetas aplastadas en la carretera).

El pasillo de los cereales de cualquier supermercado mide siete kilómetros, y la gente presume de unos dientes blanquísimos, los ojos azulísimos y unas cejas pluscuamperfectas (ideales para ocultar terribles secretos). Si quieres conocer los detalles más escabrosos de cómo es la vida en Estados Unidos, con pelos y señales, lo puedes hacer aquí.
Y bueno, como resulta que a mi casera le gustaba que le pagara el alquiler todos los meses sin saltarme ninguno (¡qué antipática!) y casualmente tenía mucho tiempo libre, me inventé a doña Gwendolyne:


El primer libro se llama Cómo ser feliz un domingo por la tarde. No es un libro de autoayuda; yo no sé autoayudar. Eso sí, opino que no hay libro de autoayuda mejor que un libro de humor, todo sea dicho.
El segundo libro se titula El fin del mundo a cucharadas. No es un libro de recetas, tampoco sé cocinar (hay testigos). De hecho, podría sobrevivir perfectamente cenando una tortilla de patatas y un yogur de fresa todos los días de mi vida.
De propina aquí dejo una pequeña dramatización:
Algunas entrevistas:
Noticias de Gipuzkoa (2020)
Noticias de Gipuzkoa (2022)
Confesiones tirado en la pista de baile

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