Sobre mí:

Creo que esta es la mejor foto que me ha hecho jamás

Llevo casi cuatro años viviendo en los Estados Unidos. Aquí los cocodrilos campan a sus anchas y los patos de goma te miran por la ventana. Lo normal, vamos. Los autobuses amarillos me siguen llamando la atención, casi tanto como ver gente comprando plátanos en pijama o conduciendo con una pierna fuera de la ventanilla. Cada día estoy más convencido de que mi vecino es un robot programado para sonreír, uno que ni siente ni padece… Y lo que es peor, se levanta a las cuatro y media de la mañana a hacer abdominales. Algo trama.

Querido diario: odio a mi vecino

Me han rechazado ¡ocho veces! para trabajar en la biblioteca. Igual me rindo ya. Según ellos tengo demasiados estudios para andar colocando libros en las estanterías, pero no los suficientes como para hacer cualquier otra cosa. Estoy en un limbo bibliotecario. Pero como este es un país de contrastes, el año pasado me dieron el premio del público al mejor relato corto por Los novios transoceánicos que, casualidades de la vida, había escrito en esa misma biblioteca. Ya lo dice el refrán, “si no puedes colocar los libros de los demás en las estanterías, ¡escribe tú uno y ponlo donde quieras!”.

La ventana indiscreta

Me gustan los musicales, las sitcoms y las películas de terror donde hay persecuciones por el bosque o una casa construida encima de alguna colina sin vecinos alrededor. Y las canciones con letra triste y melodía alegre, sobre todo las que incluyen muchos shubidubis y yeyés en el estribillo. Y campanas, muchas campanas.

Tengo una minicolumna en Noticias de Gipuzkoa. Se llama Un guipuzcoano en Michigan, y para alegría de mi madre escribo todos los días de agosto. Supongo que para cuando leas esto ya ni es agosto ni tengo columna, qué le vamos a hacer. Pero no pasa nada, porque…

La colección completa

¡Lo de más arriba no era una amenaza! Es verdad que he publicado un libro, madre del amor hermoso. Tiene un montón de páginas y un lomo supercolorido capaz de alegrar cualquier estantería (o calzar una mesa por muy coja que esté). Se llama El fin del mundo a cucharadas, pero no es un libro de recetas. Yo no sé cocinar (hay testigos). Está a la venta en Amazon.

Si quieres saber más:

Tú pon cara de escritor, me dijeron

Entrevista para Noticias de Gipuzkoa

Entrevista para Confesiones tirado en la pista de baile

Entrevista para Onda vasca

Aquí mi Instagram

Y este es mi Facebook

También tengo un canal de YouTube… creo.