Dorita ha ido a pasar unos días a Roma y ya se quiere cortar los pies a la altura de los tobillos. Y eso que está acostumbrada a tirar millas para ir a cualquier lado, baldosas amarillas p´arriba y baldosas amarillas p´abajo. Está mayor ya, teme torcerse un tobillo o dislocarse el cuello, o las dos cosas. Pero lo está pasando muy bien, a saber:
COLISEO
En la foto de arriba vemos a Dorita posando frente al Coliseo romano, uno de los lugares más impresionantes que ha visitado desde que abandonó el pueblo (más incluso por fuera que por dentro). Todavía no ha visto Gladiator, pero se hace una idea de lo que tenía que ser aquello: sudorosos hombres luchando, en sandalias, por su vida o por un cuscurro de pan duro, y el emperador subiendo y bajando el pulgar a capricho. Más le ha costado imaginar a leones zampando esclavos, ya que casualmente tiene un amigo león y es buena gente, demasiado cobarde para merendarse a nadie. Tiene una imagen de los leones un poco distorsionada.

Hablando de comer, Dorita nunca había visto a tanta gente poniéndose de acuerdo para cenar espaguetis de primero y helado de segundo, con lo que eso engorda. Cenando o merendado, que en Roma oscurece tan pronto que siempre es más pronto de lo que parece y puede despistar. Pero eso a los turistas les da igual. En el centro de Roma hay un turista por cada tres baldosas, y una practiquísima fuente en cada esquina con agua potable. En cualquier momento te puedes morir de una sobredosis de carbohidratos o sepultado bajo un alud de turistas intentando sacar la misma foto que tú, pero nunca por deshidratación… ¡algo es algo!
Como todos los caminos conducen a Roma, Dorita va supertranquila de un lado para el otro todo el tiempo, incluso atravesando parques escasamente iluminados a altas horas de la noche. Es una inconsciente.

FONTANA DE TREVI
Aquí vemos a Dorita preparada para lanzar una moneda en la Fontana de Trevi, ¡como si le sobrara el dinero! Mano derecha, hombro izquierdo. Solo se ha tenido que pelear con doscientos turistas para llegar a primera línea de fuente y tener así más posibilidades de que la moneda caiga al agua y no en el bolsillo de alguien, menuda es. Esta fuente, además de ser espectacular, tiene la particularidad de que llegas más ricchi y te vas más povery, por eso no es obligatorio dejar propina en los restaurantes (ya se la das a la fuente en diferido). Dorita en Roma se siente muy barroca y muy turista. Y un poco bruta.
Pero la actividad más peligrosa que se puede realizar en Roma no es la de perderse por oscuros parques en medio de ninguna parte, sino la de cruzar calles a plena luz del día. Los romanos no saben conducir ni cruzar por pasos de cebra ni hablar bajo. El tráfico y las palomas a Dorita le han resultado muy agresivos; cuando vuelva a casa los monos voladores le van a parecer supereducados y civilizados. Dorita está empezando a odiar tanto a la gente que no sabe si mañana la van a dejar entrar al Vaticano. Ella es antisocial de toda la vida, pero lo que es odiar, odia lo justo.

VATICANO
Pues claro que la han dejado entrar, que para eso ha pagado su entrada. El Vaticano es el país más pequeño del mundo, sí, pero con el metro cuadrado mejor aprovechado, como las buhardillas reconvertidas en coquetos pisos en el centro de Madrid. Dorita se alegra de no haber ido ni con sombrero ni en minifalda, porque hay un dress code de lo más estricto: nada de enseñar hombros ni pantorrillas.
En la foto Dorita posa frente a la Basílica de San Pedro, el lugar más sagrado que han pisado jamás sus pecadores zapatos de rubíes. Como ella es más de Kansas que un tornado y una vaca volando juntos, a estas alturas su cabeza ya ha cortocircuitado y no puede digerir más monumentos ni más esculturas ni más tumbas ni más columnas ni más restos arqueológicos. Está agotadita, solo hoy lleva caminados veinticuatro kilómetros. Vale que es menos de lo que tiene que andar para ir de casa de tía Em a la charcutería más cercana, pero no es lo mismo caminar por calles adoquinadas de hace trescientos millones de años que por baldosas amarillas, tan lisitas y modernas ellas. Nada que ver. Además, en el pueblo siempre va mirando al suelo por si encuentra dinero, no está acostumbrada a mirar tanto rato para arriba. Ya solo en la Capilla Sistina sospecha que se ha lesionado la tercera y la quinta vértebra.

CURAS, GLADIADORES Y AUDREY EN MOTO
A Dorita le ha llamado poderosamente la atención que en las tiendas de merchandising romano se puedan comprar imanen para la nevera del pene del David de Miguel Angel, el miembro más icónico del Renacimiento. Pero enseguida se ha dado cuenta de que no eran los originales, ya que todos estaban circuncidados (un poco de aquella manera, además… como a machete). Y ella se niega a comprar un pene falso. Ha mirado si tuvieran algo con la forma de la mítica melena de Raffaella, pero solo había penes. Y calendarios de curas sexis, de gladiadores sexis y de Audrey Hepburn montando en moto. Ni rastro del flequillo de Raffaella por ninguna parte. Ni en las calles ni en los bares ni en el festival de San Remo, que es como el Benidorm Fest pero a lo grande: con orquesta en directo y un presentador encantado de conocerse. ¡Y John Travolta bailando Los pajaritos!

La conclusión que saca Dorita de todo esto es que a Roma no se puede ir ni en tacones ni con tortícolis.
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