Pandemic World

Nada hacía sospechar que a la semana siguiente se acabaría el mundo. O casi.

Esta ha sido la segunda vez que he ido a Disney World, pero la primera vez que he ido antes de una pandemia mundial. Siempre hay una primera vez para todo. También ha sido la primera vez que me he alojado en un hotel Disney. La vez anterior nos alojamos en un motel de carretera, con su caja fuerte que no cierra y la Biblia en el primer cajón. Y una piscina en la que nadie se quiere bañar porque si te dicen que hace poco encontraron un cuerpo flotando bocabajo y con los pulmones encharcados, tú vas y te lo crees. Pongamos que era un establecimiento de una estrella o dos como mucho.

Pero esta vez ha sido diferente. Bien es cierto que por fuera parecía un motel de carretera, con su caja fuerte que no cierra y la Biblia en el primer cajón, aunque por dentro era una habitación 100% de La Sirenita. Y claro, no todos los días puede ducharse uno bajo el mar, con chirlas como jaboneras y un montón de burbujas dibujadas en el alicatado, por aquí y por allí.

¿Sabe usted por dónde se va a la Haunted Mansion? ¿Que eso está en otro parque?

Se mire por donde ser mire, pasar de dormir en un modesto motel con una piscina donde te imaginas cadáveres flotando, a hacerlo en un modesto establecimiento Disney, con los azulejos adornados de peces, es un paso de gigante. No me extraña que digan que este es el lugar más feliz de la Tierra, ya solo la cortina de la ducha daba alegría verla. Pero luego me acuerdo de que dentro del Tío Gilito hay un señor bajito sudando como un pollo (o una señora bajita sudando como un pollo) y me crea desazón.

Mis atracciones favoritas, por mucho que pasen los años, siguen siendo The Haunted Mansion y The Twilight Zone Tower of Terror, aunque montarse en esta última después de desayunar no es la mejor idea del mundo… a no ser que quieras que se te junte el desayuno con la cena, claro.

Quítate ese corsé que te aprieta el bazo, haz el favor.

También hemos ido a la feria del Renacimiento, que no es un parque de atracciones propiamente dicho, pero donde si no te entretienes es porque no quieres. Venir aquí es como viajar en el tiempo. Lo que no se sabe muy bien es a qué tiempo exactamente, ya que la gente que va disfrazada no se pone de acuerdo. La mayoría recuerdan a extras de Juego de Tronos, pero también hay quien parece que se ha confundido de feria y va vestida de Sailor Moon o de personajes manga en general. Aunque de lo que más hay son vikingos y hadas, todos y todas bebiendo de unas jarras de cerveza tamaño barreño. Ver a una señora con sus delicadas alas de hada del bosque bebiendo lúpulo y cebada de un cubo de fregar es cuanto menos chocante.

Hemos visto a un músico tocando hits de la Edad Media con el violín. Y a la que puede ser la señora con los pechos más exuberantes de todo el Renacimiento viendo al señor tocar el violín. Cada pecho era como mi cabeza de grande, me pregunto cómo se las apañará para descansar por las noches. Imposible que pueda dormir boca arriba. No lo digo yo, lo dicen las Leyes de la Física. Tampoco creo que pueda hacerlo boca abajo. De lado, complicado. Debe de dormir sentada en una silla.

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