Dollywood

El águila y las mariposas son los animales favoritos de Dolly

Un buen día Dolly Parton fue a Disney World, se montó en la única montaña rusa que encontró que le cerraba el cinturón y dijo: «¡Qué floja! Ojalá no hubiera venido nunca». Luego vio Destino final 3 y pensó: «¡Qué divertida!» y construyó las atracciones de Dollywood.

En realidad es un parque temático que ya existía (con otro nombre mucho menos glamuroso) en un enclave de lo más natural en medio de las Smoky Mountains, que es donde temes acabar estampado contra un árbol o una roca en cualquier momento de tu estancia. Los árboles son de verdad y las piedras también, nada de corchopán. Dolly no se anda con tonterías, quiere que se te dispare la adrenalina y que temas por tu vida cada vez que te montas en una de sus atracciones «para toda la familia». Y lo consigue, porque Dolly consigue todo lo que se propone. Y sabe que las familias sureñas tienes una media de siete hijos y se pueden permitir el lujo de que alguno les salga volando por los aires de vez en cuando. No por nada las atracciones de Dollywood suelen aparecer en todos los rankings de las montañas rusas de madera más violentas y mareantes del mundo, importante llevan biodraminas e ibuprofenos en una mochilita.

La mina misteriosa

En Dollywood tampoco hay princesas ni personajes paseando por la calle, solo mosquitos calvos y águilas calvas. El peligro acecha en cada esquina. Encima este año hay que añadir el riesgo de atragantamiento por mascarilla, ya que ir contra el viento a ochocientos kilómetros por hora con la mascarilla puesta y abrir la boca para gritar de desesperación son dos actividades incompatibles, Dolly tiene que estar muerta de la risa.

El plato típico de Dollywood son los perritos calientes. Y de postre, unos rollitos de canela imposibles de compartir si no tienes una motosierra que están buenísimos, como cualquier cosa que lleve canela.

Cómo eliminar a su jefe, traducción literal de 9 to 5

Después de un duro día en el Campamento Krusty parque y cuando ya no podíamos más con nuestras almas, en vez de retirarnos al hotel a tomarnos un baño de espuma hasta el techo fuimos a ver el Stampede, que es un espectáculo patrocinado por Dolly donde te dan un pollo entero por barba para cenar mientras ves a un montón de vaqueros y de vaqueras haciendo cosas de vaqueros y de vaqueras. Por ejemplo, montar a caballo o perseguir búfalos.

Lo mejor del Stampede, además de la posibilidad de ver búfalos de cerca (nunca antes había visto un búfalo en persona), es que te obligan a comer el pollo con las mano. Y a beber una sopa de un cuenquito a morro. Supongo que Dolly quiere que experimentemos cómo cenaban ella y su montón de hermanos en su casa de las Smoky Mountains, donde andaban escasos de cubiertos, entre otras calamidades. Es una experiencia de lo más inmersiva.

Dolly dice: ¡Vegano el último!

Y lo peor del Stampede es que, cuando no han pasado ni diez minutos desde que has dado buena cuenta del pollo, te sacan a dos niños a la pista a perseguir gallinas. He de reconocer que esto me incomodó un poco, no me gusta ver el mismo animal vivo y muerto en tan escaso periodo de tiempo. Y para colmo, poco después hay una carrera de cerdos (que no tendría nada de especial de no ser porque, junto al pollo, en el plato te ponen también una loncha de algo parecido a una chuleta de Sajonia. No hace falta decir de dónde vienen las chuletas de Sajonia). A Dolly le gusta que sepamos de dónde proceden los manjares que nos da de cenar, ya le vale.

La casa más divertida y puritana de Texas

En el museo de Dolly te faltan ojos para verlo todo (sobre todo si vas cuando quedan quince minutos para que cierre y sabes que probablemente no vas a volver nunca más en la vida). Estos de arriba son los vestidos que luce Dolly en esa película tan injustamente olvidada llamada La casa más divertida de Texas (una traducción un poco sosa de la mucho mejor The Best Little Whorehouse in Texas). No dejaría de ser un modesto pero divertido musical si no incluyera la archiconocida I Will Always Love You que todo el mundo piensa que es de Whitney Houston pero que es de Dolly (quien antes de hacer vacunas para salvar el mundo o disfrazarse de mariposa, creaba hits como churros y nos hacía felices).

Olivia también cantaba Jolene cuando era country

Dolly tiene un montón de frases antológicas y fotos con todos los famosos habidos y por haber. De las tropecientas que me gustaron elijo esta en la que sale muy sonriente con Olivia y su ex-marido, conocido por salir patinando en Xanadu y haciendo bulto en Grease 2.

El autobús más divertido de Tennessee

Una manía que tengo cuando me alojo en un hotel es mirar si hay bañera y, en caso afirmativo, tomarme un baño nocturno. Me da igual que sea un motel inmundo de carretera con un cadáver en la piscina y telarañas; si hay bañera, no se hable más. Hoy me he puesto uno de los primeros discos de Dolly en el Spotify y he tomado un baño con espuma para celebrar que hemos sobrevivido a Dollywood. Da lo mismo que la bañera tenga un color feo o incluso algún que otro pelo ajeno, total, con la cantidad justa de espuma no se ven. Y todo esto para decir que he descubierto una maravillosa canción llamada Barbara on Your Mind en la que Dolly se lamenta de que el hombre al que ama con locura la llama Bárbara. No sé si siempre o solo ocasionalmente. Y claro, ella se llama Dolly, no Bárbara. Tremenda. Los champús de los hoteles del sur hacen muchísima espuma, qué maravilla.

A bañarte a tu casa

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