El instituto Rydell
Y yo que creía que cuando Cher vino a cantar al lado de casa había tocado techo en esta aventura americana, ¡qué equivocado estaba! Ahora sí que sí, esto va a ser difícil de superar, madre del amor hermoso. Aquí es donde Danny y Sandy estudiaron (es un decir) entre 1959 y 1960, y Stephanie y Michael hicieron lo propio (ejem) entre 1960 y 1961. Frenchy estuvo los dos cursos, que tonta no era. También es donde Britney grabó el videoclip de …Baby One More Time. Vamos, que no es un instituto cualquiera.
En realidad, se llama Venice High School, y es un instituto de verdad (cada fin de curso celebran una fiesta temática de Grease y obligan a todos los alumnos a ver la película, como está mandado). Bien es cierto que, cuando sonó el timbre de final de clase (y empezaron a salir hordas y hordas de estudiantes), me sentí un poco como Rizzo en la película, un poco mayor para estar allí… pero muy feliz.

El canal
Este es el canal donde hacen la carrera de coches al final de la película y (spoiler) Danny le gana a Cara de cráter, que para algo su coche era automático, sistemático e hidromático, ahí es nada. Costó un poco llegar (el centro de Los Ángeles pequeño no es), pero mereció la pena. Actualmente, el viaducto está cerrado y nadie puede bajar a hacerse la foto sentado en un ladito como cuando Sandy, harta de ser buena y de llevar el pelo liso, canta Look At Me, I’m Sandra Dee (Reprise), lo cual es una pena. Afortunadamente, y aunque hayan pasado cuarenta y cuatro años desde Grease, hay lugares que sí que siguen (más o menos) igual y todavía se pueden visitar, como por ejemplo…

¡La casa de Frenchy!
No me extraña que la pobre repitiera curso, porque esto está a tomar por saco del instituto. No la culpo, yo también hubiera repetido con tal de pasar más tiempo en Rydell (incluso si hubiera vivido a un tiro de piedra), ¡claro que sí! El barrio se llama Los Feliz, ejem, y es bastante feo. Estoy señalando el punto exacto donde Rizzo hacía descenso de cañería para irse de marcha con los chicos mientras las demás Damas Rosas se quedaban en casa bebiendo vino para postre y viendo anuncios en la tele o cantándole a una piscina hinchable, cada quien a lo suyo. Yo no sé cómo se graduaron si hacían de todo menos estudiar.
Ahora la casa está dividida en cuatro apartamentos (que es lo que se lleva aquí, que no por nada es la cuna del Capitalismo), y las paredes son tan finas que puedes oír a los vecinos todo el rato, mayormente discutiendo o practicando sexo a un palmo del cabecero de tu cama (si cambias el cabecero a la pared contraria oyes a los del otro lado, puedes elegir).

Paseo de la fama
En Grease salen muchísimas estrellas del Hollywood de los años 50 y 60 (cantando, bailando y riéndose de sí mismas), pero es que en el Paseo de la Fama hay más estrellas en el suelo que en el cielo, una cosa rarísima. No solo están las de cine, sino también las de televisión, las de teatro y las de música (incluso hay gente como Walt Disney o Hitchcock que tienen, merecidamente, más de una estrella cada uno, una por categoría, y pocas me parecen).
Cuando llegas, quieres hacerte la foto con (casi) todas las estrellas; te faltan ojos y te mareas de tanto mirar al suelo y esquivar pies de gente. Pronto te das cuenta de que es una tarea totalmente inabarcable e inasumible, y decides que solo te vas a agachar delante de las estrellas que son realmente importantes y/o especiales para ti (según tu experto criterio sin parangón). Hasta que, más pronto que tarde, llega un momento en que ya no puedes más con tu alma y decides caminar mirando al frente, como si estuvieras en una calle cualquiera. Ya he dicho en otras ocasiones que me gusta ir por la vida mirando al suelo (por si hay suerte y encuentro dinero), pero como en Hollywood esto lo hace todo el mundo, las probabilidades de chocarte con gente que también va mirando al suelo son infinitamente más altas que las de encontrar dinero, así que no sale a cuenta. No lo recomiendo.

Las estrellas de Travolta y de Olivia están muy cerquita la una de la otra, como tiene que ser. Pero conseguir una foto decente no es tan sencillo como parece (aunque ya es más fácil que lograr una foto pasable del cartel de Hollywood sin tener que subir al monte). Primero hay que encontrar las estrellas que te interesan (y rezar para que no haya nadie durmiendo/despatarrado encima ni que hayan instalado un puesto de perritos calientes o de cualquier otra cosa justo delante, detrás o sobre la estrella en cuestión). Tienes que ver también que el tiempo acompañe y que el sol no deslumbre las letritas doradas (o que al menos se pueda leer lo que pone). Lo mejor es hacer la foto por la mañana, cuando acaban de limpiar las aceras y todavía no han pasado trescientos millones de pies calle arriba y calle abajo, como pollos sin cabeza, haciendo lo mismo que tú. Cada segundo que pasa, las estrellas se van apagando poco a poco y cubriéndose de mugre hasta quedar irreconocibles. No por nada, la búsqueda de estrellas es una actividad tan entretenida como estresante, sobre todo para tus cervicales.

La verdad es que, para ser la calle con más glamur por metro cuadrado del mundo, el Paseo de la fama está sucísima (no hablo de suciedad normal, sino de suciedad nivel estratosférica e intergaláctica, automática, sistemática e hidromática). Si te arrodillas o te sientas en el suelo para salir de cuerpo entero en la foto junto a tu estrella favorita, y si no te aplasta antes la marabunta de turistas, es recomendable quemar después los pantalones y los calzoncillos. Otras opciones son fumigarte de pies a cabeza con gel hidroalcohólico aprovechando que estamos en pandemia o bañarte en una mezcla de lejía y aguarrás al llegar al hotel.

Pues hasta aquí el monográfico de Grease. Este ha sido el primer capítulo del viaje a Los Ángeles, la ciudad más horrorosamente fea y sucia que esconde los lugares más maravillosos, solo hay que encontrarlos.
Más vaselina aquí.

Una respuesta a “Capítulo 25: Grease”
Genial, como siempre
Me gustaMe gusta