¡Adiós, Papá Noel!

El novio que Kylie se merece.

Estas Navidades, además de canciones sobre papanoeles sexis, papanoeles que se quedan atascados en chimeneas y otros villancicos para no dormir (como ese que habla de papanoeles que saben en todo momento lo que haces y lo que no, y que hasta te vigilan mientras duermes, en plan maníaco asesino bonachón), he escuchado mucho a Yuri. Yo a Yuri la escucho todo el año, porque me anima tanto en invierno como en verano, es a prueba de estaciones del año. Y eso que me cae regular. Pero yo no tengo la culpa de que sus canciones sean tan buenas, así que finjo que la divertida Yuri ochentera que tanto me gusta no es la misma señora rancia en la que se ha convertido. Y hago de tripas corazón y me dejo llevar, sobre todo cuando ando entre pucheros.

He de confesar que no me gusta demasiado cocinar (con el agravante de que tampoco es que se me dé especialmente bien). Pero cuando me pongo a pelar patatas con Yuri echando humo en Spotify… uf, me da tal subidón que puedo cortar una cebolla en juliana en tiempo récord o batir unos huevos como si no hubiera un mañana. ¡Qué marcha! La propia Yuri tiene una canción de lo más culinaria que dice algo así como que tú quieres spaguettis mientras que yo prefiero una ensalada, que somos de comedia americana. Y él le pide que le dé un beso y ella que de eso nada, que ya está bien, que qué cansino, que la deje en paz. Definitivamente, si hay alguien que puede subirme el ánimo tanto como La Casa Azul a todo trapo, esa es Yuri a todo trapo. Como tener unas discoteca entre fogones, igual.

Esta podría ser la casa de Kylie un día cualquiera perfectamente.

Hablando de discotecas, me parece imperdonable que haya tardado tres Navidades en ir a ver las inenarrables casas luminosas epilépticas. Te lo cuentan y no te lo crees, ¡madre del amor hermoso! Con la boca abierta y el culo torcido, así te quedas ante semejante derroche de bombillas. Pero claro, tan obsesionado estaba con ir a ver cada año las casas de Halloween, que tenía las de Navidad totalmente desatendidas, ya me vale… Es una de esas cosas locas que en cualquier otra parte del mundo sería para salir corriendo, pero que en este país, donde todo es excesivo, no deja de ser un maravilloso despropósito. Se pueden ver aquí.

El árbol navideño de Kylie.

Y en Nochevieja, en vez de uvas (o mandarinas), este año he tomado cacahuetes. Se me han hecho un poco bola, ya que no han sido 12 sino 24 (la mitad para despedir el año en horario de Spain y la otra mitad en horario de USA, como está mandado). Luego, como aquí no se veía el Cachitos del 2020 (y ya hemos llegado a un punto en el que no hay Nochevieja sin Cachitos), hemos buscado en YouTube los del 2019, no pasa nada. Total, ya veremos los de este año el año que viene. Tras cuatro horas disfrutando de cantantes meneando el cucu dentro de pantalones de campana de todos los colores y de bailarines marcando paquetes para un lado y para el otro, yo ya solo quería meterme en la cama abrazado a una bolsa de agua caliente (uno ya está mayor para tantas emociones juntas). Pero no me han dejado porque resulta que a las tres de la mañana se estrenaba la nueva temporada de Cobra Kai, ¡válgame! Hoy me he levantado con algo parecido a una resaca y hemos desayunado tortitas, menos mal.

Me encantaría que Kylie practicara español con este libro tan gordo.

Otra cosa que me gusta tanto como unas tortitas mañaneras es inventar títulos. Normalmente de libros que no existen y que, probablemente, nunca existan. Y es una pena, porque darían pie a historias de lo más tronchantes. Hay veces que me gustaría ser capaz de escribir novela romántica… Pero en plan serio, sin recochinearme ni un poco. Y tener el superpoder de publicar folletines con bien de dimes y diretes (y tensiones sexuales que no se resuelven hasta la penúltima página, o incluso más tarde) como churros. Pero no me sale. Y, por supuesto, contaría con una legión de lectores y lectoras ansiosos y ansiosas por devorar el siguiente libro de una saga que, como mínimo, se llamaría Pasión en alta mar. O Turbulencias en el avión. O Frenesí en el autobús (el medio de locomoción es lo de menos). Palabras como “pasión”, “turbulencias” y “frenesí” no serían negociables, eso es lo único que tengo seguro. Bueno, y que mi favorita sería Pasión en alta mar, una novela de amor y misterio ambientada en un crucero por aguas internacionales. La protagonista sería una escritora jubilada que crucero en el que navega, crucero en el que se comete algún crimen pasional… o dos. Lo veo.

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